martes 24 de enero de 2012

Placebo para niños



Los americanos venden pastillas placebo para niños.

Al parecer, en determinados casos son incluso más eficaces que en adultos.

Para suavizar la idea de dar medicamentos “sin medicamento”, los comercializan como suplementos dietéticos; son píldoras o jarabes que mimetizan, al menos a nivel organoléptico, a los preparados farmacológicos estándar, para convencer-engañar a los niños y que crean que están tomando algo.

De esta forma, su cerebro se hace cargo (recordad, condicionamiento y expectativas, la base del placebo; en este caso incluso los transmitidos por los padres), y el niño acaba sintiéndose mejor.

Los frentes más "eticos" y algunos expertos critican la idea.

Otros apoyan la medida, y defienden que sería incluso más útil si los padres, como administradores del producto, no conociesen la naturaleza inocua del “medicamento”.

El uso indiscriminado del placebo se presenta, y eso es ya una opinión personal, como una opción arriesgada.

Por un lado, adoptar estas medidas en situaciones clínicas fuera del control necesario, puede hacer que despreciemos la naturaleza del problema del niño. Puede hacernos pensar que esta pastilla “sin efectos secundarios” va a desencadenar siempre una respuesta sanadora, abandonando el uso de otros medicamentos necesarios, como pueda ser un antibiótico en un proceso de neumonía.

Por otro lado, algunos profesionales han mostrado su preocupación por el hecho de que dar a los niños "medicina" para cada dolor pueda fomentar la enseñanza de que toda enfermedad tiene cura en una pastilla. Los niños pueden crecer pensando que la única manera de conseguir mejoría es tomar una píldora. Si lo hacen, no aprenderán que una queja de menor importancia como un raspón en la rodilla o un resfriado puede mejorar por sí solo.

La función de la educación, de nuevo desde mi punto de vista, vuelve a resultar primordial en estos casos; buscar un equilibrio entre la información veraz acerca de la responsabilidad cerebral del dolor, y el aprovechamiento de estos circuitos neuronales moduladores mediante el ardid del placebo, resulta una tarea complicada, pero potencialmente provechosa.

Pese a la multitud de estudios relacionados con la eficacia del placebo en niños, y en lo respectivo al tema del dolor que nos ocupa, me temo que un aura de subjetividad sigue primando en la toma de decisiones clínicas.

He publicado este artículo en el blog edupain, para saber qué opinan los lectores al respecto del placebo para abordar el dolor infantil. Os invito a dar vuestra opinión, ya que el tema requiere una sana discusión para conocer todos los puntos de vista.

lunes 23 de enero de 2012

¿para qué sirve el cuello?

Separar del tronco la cabeza, manteniendo su preciada función, es caro.

Anatómicamente, mantener la función de los sistemas respiratorio, circulatorio, nervioso,... tiene un coste elevadísimo, que la naturaleza resuelve con el cuello.

Un complejo sistema musculo-esquelético que, además de mantener las funciones mencionadas, ofrecen la sencilla y a la vez también vital función de... mirar.


Sí, mirar; el cuello sirve para mirar.

Una serie de piezas óseas arquitectónicamente interpuestas, y armoniosamente controladas por un complejo sistema neuromuscular, ofrecen la estabilidad y capacidad de movimiento necesario para desplazar los 8 kg de cabeza para dirigir la mirada. Y lo hace, como adelantaba,  permitiendo que la médula llegue al encéfalo, la traquea y el esófago a la boca, y un sinfín de vasos a sus objetivos.

Se me ocurre que, con lo caro que sale este sistema a nuestro cuerpo serrano, no deberíamos malgastar la ofrenda manteniendo horas y horas la mirada fija al monitor del ordenador o la televisión, sin esperar que el sistema se mosquee y nos regale alguna que otra molestia ocasional.

PD: no creo que la evolución pensara en otras funciones para el cuello...



miércoles 18 de enero de 2012

El jardín olvidado

La deformación profesional nos ofrece en ocasiones la posibilidad de disfrutar, o a veces verse estorbado por, nuevos mensajes en aquello que escuchamos, vemos o leemos.

Algo así ha debido ocurrirme con una maravillosa novela que cayó en mis manos recientemente, recomendada por una paciente: "El Jardín Olvidado", de Kate Morton.

Es una obra profunda y misteriosa, en la que varios momentos de una misma historia se suceden y superponen con maestría, conduciendo a un final que bien podría ser un principio. Me ha encantado...

La influencia de los factores de riesgo psico-social en relación con el dolor infantil, una de las ideas que cimentaron mis Cuentos Analgésicos, aparece (o al menos así me parece) en un pasaje de la obra.

Os pongo en situación: Cassandra, una niña de 4 años en ese momento de la historia, está jugando, algo retirada de su abuela y su madre, que discuten, minutos antes de que su madre la abandone, y la deje a vivir con su abuela.


Cassandra la hizo rodar —un aterrizaje perfecto en medio del primer cuadrado— y comenzó a saltar. Estaba en el número siete cuando la voz de su abuela, aguda como un vidrio quebrado, le llegó desde el piso superior.
—¿Qué clase de madre eres tú?
—No peor de lo que tú fuiste.
Cassandra permaneció inmóvil, balanceándose en una pierna en medio del cuadrado, mientras escuchaba. Se hizo el silencio, o al menos hasta donde pudo oír. Lo más probable es que hubieran vuelto a bajar la voz, recordando que los vecinos estaban a apenas unos metros a cada lado. Len a menudo le recordaba a Lesley cuando discutían que no ayudaría el que unos desconocidos estuvieran al tanto de sus asuntos. No parecía importarles que Cassandra escuchara cada una de sus palabras.
Comenzó a balancearse, perdió el equilibrio y apoyó el otro pie. Fue sólo por un segundo, pero luego volvió a levantarlo. Incluso Tracy Waters, que tenía fama entre las niñas de quinto grado por ser la más estricta de las juezas de rayuela, lo habría permitido, le habría dejado continuar su vuelta, pero Cassandra había perdido el entusiasmo por el juego. El tono de voz de su madre la había alterado. El vientre había comenzado a dolerle.
Tiró a un lado la piedra y se apartó de los cuadrados.

lunes 16 de enero de 2012

Mecanismos del dolor

En la práctica clínica, para identificar los mecanismos del dolor en curso en nuestro pacientes, debemos atender y entender varios aspectos.

Tanto en la anamnesis o examen subjetivo, como durante la exploración física, diferentes características que nos cuente o presente el paciente deben ayudarnos a reconocer el mecanismo que de forma preferente está detrás de esa particular expresión de dolor.

En un intento de reunir los indicadores clínicos que más comúnmente se atribuyen a cada tipo de dolor, encontré un artículo que ya había adelantado la faena, y con el rigor científico necesario para ser muy tenido en cuenta.

Esta mañana he publicado este artículo en edupain, el blog que irá reuniendo y aportando entradas relacionadas con la neurociencia del dolor; a los fisioterapeutas que aún no os hayáis pasado por allí, ¡adelante!

De cualquier modo, he preparado una infografía con la información clínicamente más relevante, en castellano, y aquí os la dejo junto a la referencia del artículo original.


Man Ther. 2010 Feb;15(1):80-7. Epub 2009 Aug 12.
Clinical indicators of 'nociceptive', 'peripheral neuropathic' and 'central' mechanisms of musculoskeletal pain. A Delphi survey of expert clinicians.
Smart KM, Blake C, Staines A, Doody C.



miércoles 11 de enero de 2012

¿Pesas o máquinas?

A menudo mis pacientes me preguntan si es mejor "hacer pesas o máquinas" en el gimnasio.

Como no es cuestión (al menos en esta entrada) de ahondar en las razones que conducen a la gente a ir al gimnasio (igual que no deliberaré en a qué santo me da por salir a correr de vez en cuando por ahí), intentaré centrarme únicamente en la disyuntiva planteada .

Y lo haré desde la perspectiva de un fisioterapeuta que pretende que la gente evolucione satisfactoriamente en la recuperación de sus lesiones, y que en la medida de lo posible prevenga la aparición o agravación de otras.
Alguien que además no se cree lo de Adán y Eva, y ha comprobado personalmente en más de un cadáver (en prácticas de disección y en la exposición Bodies, que nadie se asuste) que hombres y mujeres tenemos el mismo número de costillas; algunas vísceras y glándulas diferentes, eso sí, pero poca diferencia musculo-esquelética.
Alguien que por tanto encuentra absurdo que haya programas para mujeres basados en máquinas, y para hombres (para machos que gritan cuando suben ingentes mancuernas), basados en pesas.

Descartado así el sexo como criterio de selección para el programa, habría que reconocer que es difícil generalizar: depende del objetivo, del ejercicio, del tipo de maquinaria, de la carga,... pero como lo que intento es dar una opinión más bien general, me decantaré por las pesas, y lo intentaré justificar.

La mayoría de máquinas de basan en un sistema mecánico de ejes y guías que condicionan el desarrollo tridimensional del movimiento. Y lo hacen muchas veces de forma poso afortunada para el usuario, que por mucho que se acerque a la posición recomendada en la pegatina del aparato, generalmente se ve obligado a empujar o traccionar siguiendo a través de un plano y en contra de un vector de fuerza alejado de lo que su armonía biomecánica desearía.

La musculatura está acostumbrada desde el nacimiento (antes quizás) a pelear con la gravedad. Entiende y asimila esos 9,8 Newton que intentan esclafarnos continuamente en tierra. Un complejo sistema neuromusculoesquelético que nos permite mantener la postura y el movimiento, conocedor de ese invariable vector vertical que de forma estricta nos acompaña en este planeta en que vivimos.

Las pesas siempre pesan haca abajo. Y por tanto nuestros esfuerzos son siempre hacia arriba. Y eso, nuestro control motor, mermado cuando nos acompañan las lesiones, lo entiende mejor que los vectores multidireccionales y variables de las máquinas. Además, la carga libre no condiciona el movimiento como lo hacen muchas máquinas.

Sabiendo posicionar el cuerpo para trabajar de forma adecuada, pienso que las mancuernas, con una carga adecuada y una ejecución lenta, sin balística, pueden aportar una transferencia mayor que las máquinas.

Ahora bien (y eso mis pacientes lo saben muy bien), eso no significa que piense que las pesas son, ni mucho menos, la mejor forma de trabajar en la recuperación de lesiones. Pero la idea de esta entrada era sólo pesas Vs máquinas, ok?

domingo 8 de enero de 2012

edupain

La Sociedad Española de Fisioterapia y Dolor, en cuya directiva me encuentro, ha puesto en marcha su blog, un nuevo espacio donde encontrar entradas relacionadas con la neurociencia y el dolor.


edupain es un nuevo rincón en la red de redes donde, desde aquí, os invito a todos a participar activamente, para así convertirlo en un espacio colaborativo.

Entre los editores del blog, arrancamos la iniciativa escritores habituales de la bloggesfera de la fisioterapia y el dolor, como Arturo Goicoechea, Carlos CastañoArturo Such , Raúl Ferrer, y  Carlos López Cubas, un servidor, a los que se nos  irán sumando nuevos autores para aportar sus puntos de vista, como Rafael Torres Cueco, presidente de la SEFID.

No desaprovechéis la oportunidad de incluir vuestros comentarios, para entre todas las aportaciones ir construyendo y unificando el conocimiento acerca de la neurobiología del dolor, y sus aplicaciones en el campo de la fisioterapia.